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La Muralla de Adriano fue construida tras una visita de este Emperador a Britania, en el 122 dC. La muralla contaba con 120 kilómetros de largo.
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Imagen de la estatua de Boudica erigida en Londres.
 
  Imagen de la estatua de Boudica erigida en Londres.
  Revuelta de Boudica frente a los romanos. Reconstrucción artística.
Boudica, la reina guerrera de Britania

Boudica, fue la reina guerrera de Britania, que acaudilló entre el 60 d.C. y el 61 d.C. el mayor levantamiento contra la ocupación romana durante el reinado del emperador Nerón, liderando a las tribus de los Icenos, que habitaban en la zona de Norfolk, al este de Inglaterra, además de otras tribus Bretonas y Trinovantes, reuniendo bajo su mando a un ejército de entre cien mil y doscientos treinta mil soldados contra la ocupación romana.
La gran heroína de los británicos nació entorno al año 30 d.C. en algún lugar de la tierra de los Icenos, tribu de origen celta que se distribuía por la región de Anglia del Este (actuales Norfolk y Suffolk). Los Icenos eran aguerridos guerreros cuyas armaduras estaban remachadas en oro, peleaban desnudos y precedían sus ataques con trompetas. Combatían pintados de azul con glasto, que aparte de aterrorizar a los enemigos, las cualidades antisépticas del glasto, ayudaban a prevenir la infección de las heridas.

Boudica, también fue conocida por el nombre latinizado de Boadicea, Buduica y Bonduca, aunque Boadicea es un error de trascripción del manuscrito de Tácito al ser copiado en la Edad Media, originalmente su nombre era Boudica, cuyo significado es “Victoria”.

Tácito en los “Anales” y “La vida de Julio Agrícola” y Dión Casio en “Historia romana”, coinciden en afirmar que la reina Boudica probablemente nacida en el año 26 d.C. destacaba por su altura, su mirada feroz, su voz áspera, su cabello rojizo hasta la cintura, y por vestir con una túnica muy colorida, un grueso manto ajustado y un largo collar de oro.
Dión Casio nos cuenta además que “poseía una inteligencia más grande que la que generalmente tienen las mujeres” y que “Siempre que hablaba, sostenía una lanza con la mano para aterrorizar a cualquiera que la contemplase”.

Miembro de la predominante elite aristocrática de Icena, recibió una buena educación acorde a dicha posición social. En el año 48 d.C. se casó con el rey de esta tribu celta, Prasutagus, con quien tuvo sus dos únicas hijas.

Las tierras de los Icenos en su principio no fueron invadidas por los romanos debido a que Prasutagus se alió con Roma durante la conquista de Britania por el emperador Claudio en el año 43 d.C.
Claudio ordenó esta invasión para conseguir un triunfo resonante ante Roma esperando obtener gloria militar que aumentase su reputación, así como obtener las famosas riquezas de la isla que llenarían de nuevo las arcas imperiales tras el despilfarro de su predecesor en el cargo, Calígula. Cabe decir que la primera invasión de Britania por los romanos fue ordenada por Julio césar en el año 55 a.C.
La justificación del envío de las tropas fue la petición de ayuda efectuada por el rey Verica, aliado de Roma, en contra de Togodumnus y Caracatus, que se habían constituido en una amenaza y una opresión para el rey Verica. Para la invasión fueron enviadas las legiones IX Hispana, II Augusta, XIV Germana y la XX Valeria Victroix bajo el mando de Aulus Plautius, las cuales consiguieron la victoria haciendo que se rindieran 11 reyes locales en el año 43 d.C.

Prasutagus hizo coheredero de su reino al emperador romano, junto con sus dos hijas, de esta manera pensaba preservar su linaje, para la ley romana la herencia sólo era a través de la línea paterna.
Era normal que Roma gobernase algún territorio difícil y aislado de sus fronteras por medio de reyes dependientes de Roma; estos reyes eran conocidos como reyes clientes.
Esta forma de actuar con el testamento de un rey cliente era muy habitual durante el Imperio Romano. Se dejaba ser independiente durante su vida al rey cliente y éste dejaba en testamente sus territorios a Roma. Ejemplos de esta práctica fueron la anexión de las provincias de Galacia y Bitinia.

A la muerte de Prasutagus su linaje fue ignorado, Nerón recibió su parte de la herencia, pero los romanos ignoraron a las hijas del rey Prasutagus, apropiándose de todos sus bienes, anexionándose sus tierras y tratando como esclavos a los nobles de la tribu.
Roma creía que la deuda que Prasutagus había adquirido con el Imperio Romano, debido a que había vivido lujosamente y había hecho que el reinado Iceno prosperara enormemente, pidiendo prestado dinero a los romanos, dejaba a sus súbditos ligados a esa deuda, y por consiguiente consideraron que las tierras de los Icenos tenían que pasar a ser propiedad romana como pago de dicha deuda. Boudica, la entonces reina, no pudo reunir el dinero y se negó a hacer efectivo el pago.
Su negativa provocó que el procurador Cato Deciano, encargado de velar por los asuntos financieros del emperador, enviara varias unidades legionarias para que arrasaran la región. Dión Casio narra que los romanos, incluido Séneca el Joven, tomaron esclavos como pago de la deuda y Tácito en los Anales nos explica que:

“Fue como si Roma hubiese recibido todo el país como regalo. Todos los jefes fueron desposeídos de sus propiedades ancestrales, y los familiares del rey fueron esclavizados (…) mientras los centuriones saqueaban el reino, sus esclavos rapiñaban la residencia regia como si fuera un botín de guerra”

Boudica protestó amargamente, y después de todos sus esfuerzos fue sacada del palacio, desnudada en público y azotada por haber incumplido el pago de la deuda. A continuación, ignorando toda decencia, ley y sentido común, los oficiales y soldados romanos violaron a sus hijas, las herederas del reino. Con este acto seguramente imposibilitaban que las muchachas pudieran casarse y así agotaban la línea hereditaria.

En el año 60 d.C. o 61 d.C. mientras los romanos bajo el mando de su gobernador Cayo Suetonio Paulino estaban ocupados en una campaña contra la isla de Mona (Anglesey), refugio de Britanos rebeldes y gran centro druídico, los desairados Icenos junto a los Trinovantes y otras tribus, convocadas por la reina Boudica, conspiraron para levantarse unidas contra los romanos, eligiendo a la misma Boudica como líder de las tribus.
Boudica usando métodos de adivinación realizó una ceremonia en la que extrajo de los pliegues de su vestimenta una libre (animal sagrado para los britanos) liberándola. Interpretando la dirección en que corría la liebre invocó a Andraste, la diosa celta de la victoria, enardeciendo así aún más el ánimo de los insurrectos.
Dión Casio, en “Historia”, pone en boca de Boudica un largo discurso que, aunque inventado, si sirve para hacernos una aproximación de los sentimientos de los britanos hacia Roma.

¿Habrá algún trato suficientemente vergonzoso o doloroso que no hayamos sufrido desde que los romanos llegaron a Britania? ¿No es cierto que se han apoderado de casi todo lo que teníamos, y luego nos han obligado a pagar impuestos por lo poco que nos quedaba? ¿Acaso no pagamos impuestos hasta por nuestros propios cuerpos, y además debemos poner estos mismos cuerpos al servicio de los romanos para arar y cuidar de sus campos? Hubiera sido mejor si nos hubieran hecho esclavos de una vez, pues al menos hubieran acabado con nuestra obligación de pagar rescate por nosotros mismos cada año. O mejor aún, podrían habernos matado de una vez y haber terminado con todo.”

Con su liderazgo sobre varias tribus britanas, entre cien mil y doscientos treinta mil guerreros se unieron y avanzaron hacia la Castra de Camulodunum (la actual Colchester), fortaleza romana situada en la antigua capital de Trinovantia. Los habitantes locales, resentidos con los soldados romanos por erigir un templo a Claudio a sus expensas y hartos del maltrato continuo a que eran expuestos por los legionarios veteranos establecidos en la ciudad, no hicieron nada para defenderlos y sabotearon las obras de fortificación y defensa que levantaban los romanos ante la llegada del ejército rebelde. Los soldados veteranos, pidieron refuerzos al procurador Cato Deciano, que sólo envió 200 auxiliares militares. El ejército de Boudica, cayó sobre la ciudad y la destruyó, los últimos defensores romanos fueron sitiados en el templo durante dos días hasta que finalmente fueron exterminados.

La legión IX Hispana, al mando de Petilio Cerial, fue enviada contra el ejército de Boudica en Camulodunum, pero cayó en una emboscada de los rebeldes Icenos, quienes los desbarataron por completo, matando a dos mil quinientos legionarios.

Entonces Boudica se dirigió entonces hacia Londinium. Suetonio Paulino logró llegar a la ciudad, y una vez allí descubrió que el culpable de todo, el procurador Deciano, se había formado su propia opinión sobre las posibilidades del ejército romano y ya había tomado un barco con rumbo a la Galia. Londinium no estaba fortificada y no estaba preparada para la defensa militar. Este fue el motivo por el que el gobernador Suetonio, ante la imposibilidad de defender la ciudad y desoyendo las reclamaciones de sus habitantes pidiendo la presencia de las tropas romanas, se retiró, dejando que Boudica incendiara y matara en masa a gran parte de la población rezagada y dejada a su suerte por los soldados romanos. Los que se atrevieron a combatir fueron despedazados y sufrieron las muertes más atroces. Boudica y su ejército no dejaron ni a los animales de trabajo a salvo, que una vez usados para conducir a los vencidos a los lugares de sacrificio, eran también degollados.

“Boudica no estaba interesada en hacer prisioneros o solicitar un rescate por ellos o ningún otro comercio de guerra. El enemigo fue atacado con matanzas, patíbulos, fuego y crucifixiones, como hombres que se cobraban la venganza que podían antes de que cayese sobre ellos el justo castigo” Tácito, "Anales".

Dión Casio es aún más gráfico en su relato:

“Aquellos que fueron llevados prisioneros por los britanos se vieron sometidos a todas las formas conocidas de atrocidad. La peor y más bestial atrocidad cometida por sus captores fue la siguiente. Colgaron desnudas a las mujeres más nobles y distinguidas, les cortaron los pechos y se los cosieron a las bocas para que parecieses que las víctimas se las comían; después empalaron a las mujeres sobre unos pinchos puntiagudos que los atravesaron todo el cuerpo. Todo esto lo hicieron acompañándolo con sacrificios, banquetes y comportamientos inmorales, no sólo en todos sus lugares sagrados, sino en particular en la arboleda de Andraste. Éste era su nombre para Victoria, y la contemplaban con la reverencia más excepcional. Dión Casio, "Historia".

Suetonio Paulino tampoco llegó a tiempo para defender Verulanium (la actual Saint Albans), ciudad que también fue arrasada por el ejército rebelde, matando sin compasión a sus habitantes, odiados por sus congéneres por su colaboracionismo para con el Imperio Romano. Por fortuna, muchos de ellos pudieron huir refugiándose cerca de los campamentos romanos.

Tras estas derrotas, Roma contaba con unos setenta mil romanos y simpatizantes a manos del ejército de los Icenos.

Tras las victorias conseguidas, Boudica y su ejército decidieron permanecer en Verulanium. Suetonio Paulino llamó entonces a todas las legiones disponibles, la XI Augusta, la XIV Germana y la XX Valeria Victroix, además de una serie de auxiliares adiestrados rápidamente. Sin embargo no se sabe bien el motivo la XI Augusta, que era la más veterana en combate no llegó a tiempo, pues su comandante Poenio Póstumo no respondió a la llamada de su superior.
Con todas las legiones posibles bajo su mando, Suetonio, presentó batalla. El ejército romano estaba en inferioridad numérica, el campo de batalla escogido por el gobernador romano era un terreno con un desfiladero con paredes en terrazas protegiendo sus flancos y una suave pendiente descendente delante de ellos, mientras que a sus espaldas tenían un espeso bosque. Esto implicaba que el ejército romano no podía ser flanqueado por los britanos, pero también implicaba que los romanos en caso de perder, no podrían huir. Era el momento de vencer o morir.

Cada uno de los líderes arengó a sus soldados. Boudica por su lado, entre otras cosas, le gritó a su ejército que entonces era formado por doscientos mil efectivos: “...ganaremos esta batalla o moriremos! Eso es lo que yo, que soy mujer, me propongo hacer. Que los hombres vivan esclavos si lo desean...”

Suetonio, a su vez exclamó: “...no temáis su espíritu rebelde. Su audacia nace de su temeridad, pero sin las armas ni la disciplina...Somos romanos y hemos conquistado el mundo gracias a nuestro valor...”

Cuando la infantería britana se dispuso a avanzar, Suetonio mandó formar a la parte media de la infantería ligera haciéndola avanzar a paso rápido, formando así una cuña respaldada por la infantería pesada y los auxiliares. De la poderosa cuña brotaban las puntas de las lanzas que atravesaban el cuerpo de los desprotegidos Icenos, que eran rematados después por las espadas romanas.
Los Icenos que esperaban un combate cuerpo a cuerpo, intentaron reorganizarse, pero mucho más indisciplinados y desordenados que los romanos para cuando consiguieron organizarse en un grupo para atacar, fueron sorprendidos por la caballería romana que los masacraba sin piedad.
La cuña romana llegó hasta los carros de los bárbaros, donde masacraron a las mujeres y niños, haciendo que los Icenos se desmoralizaran y perdieran toda perspectiva de la batalla.
Los romanos obtuvieron la victoria, y persiguieron a los Britanos que huían. En el campo de batalla quedaron los cuerpos de ochenta mil Icenos y apenas cuatrocientos romanos. Boudica, tras esta derrota, para evitar ser atrapada por los romanos, se suicidó con veneno. No se conoce la suerte que corrieron sus hijas, pero probablemente murieron junto a ella.

Según se cuenta, los rituales funerarios de Boudica fueron fastuosos y dignos de la gran guerrera que fue. Hoy en día se sigue desconociendo el paradero de su tumba, cosa que fomenta aún más su leyenda.

“[Ella] se vengó de los soldados romanos matando a una legión entera, pero tras una masacradora batalla, donde Boudica tenía una cantidad de luchadores (y también mujeres y niños) 4 veces mayor que las del general Romano Suetonio, no pudo contra su ingeniosa táctica estratégica, y la batalla fue una auténtica carnicería de britanos.[...] y Boadicea se mató para evitar la captura y la desgracia.” (Tácito, citado en The Woman’s Encylcopedia of Myths and Secrets, de Barbara G. Walker.)

Durante la Edad Media, la leyenda de Boudica fue casi olvidada, pero llegado el siglo XIX, fue recuperada y ensalzada. Los historiadores británicos recordaron que Boudica significaba “Victoria” con lo que la reina de los Icenos compartía nombre con la reina Victoria, que gobernó un imperio más basto incluso que el de Roma.
Los británicos, olvidándose de los hábitos salvajes y las masacres y torturas ordenadas por la reina Icena, la convirtieron en heroína nacional y en 1905, fue erigida una estatua de Boudica, triunfante subida en su carro. Esta estatua se alza junto al Tamesis, frente al Parlamento británico, en Londres, la ciudad que convirtió en cenizas. La estatua fue erigida como símbolo del sentimiento de libertad del pueblo de Britania en un momento tan crucial para los moradores de la vieja Alvión (nombre con el que era conocida Britania).

 

 
 
 
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